sabato, aprile 15, 2006
sueños
Érase una vez una chica guapa de pelo negro y gafas coquetas que vivía en una pequeña ciudad mas del mundo. La ciudad llamabase Sueño y estaba en un recóndito país llamado Utopía, ese lugar era extremadamente civilizado, no había guerra, discriminación, o violencia. La chica era juguetona y simpática con una blanca piel y una encantadora mirada. No dejaba percibir sus cualidades a primera vista; había que ser atento o conocerla muy bien. Si cumplías una de esas cualidades, quedabas petrificado, encantado, o enamorado.Un buen día un amigo de esta chica llamada Estrella se dio cuenta de esa luz extraña y mística que irradiaba esa mujer. Desde ese instante de iluminación, Neptuno, no conocía a la Estrella, ahora era su Estrella; una subjetiva, aún mejor que la que existía materialmente. Anonadado estuvo largo tiempo, ya que ahora su amada estaba, en la mente de Neptuno, sentada sobre la concha de Afrodita, sintiendo una paz interior infinita. Estrella era para Neptuno el Nirvana absoluto y eterno que fluía sin poder ser detenido. Le parecía que la perfección había nacido en Estrella con cualidades tales como la honestidad, la pureza, la hermosura, y la inteligencia.En la Cúpula, un lugar escogido por Tor para tener ahí el alimento divino, Neptuno decidió hacerlo; pondría su corazón en la mano y dejaría salir los sentimientos que, estando atascados y revueltos, eran muchos. Los extendería sobre la playa para que el mar pudiera hacer de ellos lo que quisiese, mas cuando salieron ellos solos a “caminar,” lo único que salió de Neptuno fue una confusión sincera, tan sincera que Estrella conmovida no pudo más que aceptarla aunque a él solo pudo decirle algo, igual de borroso, que equivalía algo vagamente diferente a un no o a un talvez. Neptuno sentíase estúpidamente feliz y felizmente estúpido ante esa respuesta.El sueño no ha concluido por lo que no escribo un final probable y que temo ya que quiero a mi Estrella con alevosía.
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